El origen del testamento

¿Sabes cómo y cuándo se originó el derecho de ceder tus posesiones a uno o varios herederos?

El testamento es uno de los derechos más importantes del que podemos gozar en la actualidad; representa la posibilidad de ceder legalmente ─por medio de un manifiesto reconocido jurídicamente─ tus posesiones a uno o varios herederos, y evitar que pasen a manos del Estado o representen un póstumo conflicto familiar.

¿Pero sabes cómo y cuándo se originó este valioso derecho? De acuerdo con algunas investigaciones, la cesión de posesiones ya se realizaba desde las primeras civilizaciones humanas, pero se limitaba a la tradición de entregar los bienes de quien acababa de fallecer a su primogénito. Lo anterior, claro está, era exclusivo del género masculino.

Eso generaba problemas cuando la persona no tenía hijos o tenía únicamente mujeres como posibles herederas. Fue hasta la fundación de la Antigua Roma (754 a.C.) ─y el posterior establecimiento del derecho romano─  cuando fue posible documentar y heredar los bienes sin los mencionados limitantes.

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Es en ese periodo histórico cuando se establecen figuras legales como la del heredero, el patrimonio y el propio testamento. Si bien se mantuvo la generalización de que fuera el primer hijo quien recibiera los bienes del fallecido, esto ya no era obligatorio. El derecho romano permitía la cesión del patrimonio a un heredero cualquiera, incluso cuando no fuera familiar, siempre y cuando consistiera en la manifestación legítima de la voluntad de quien elaboraba el documento.

Para corroborar lo anterior, se requería de un testigo, por lo que se cree que el término testamento proviene de la palabra “testis”, que significa “testigo”. Aunque otras evidencias señalan que en realidad proviene de “testatio mentis”, que significa “testimonio de la voluntad”. Pese a que sus conceptos generales siempre han sido muy similares, el testamento ha evolucionado en relación a los diferentes periodos y formas de gobierno posteriores a la Antigua Roma. Sin embargo, lo importante es entender que desde su origen representa un derecho, no una obligación, por lo que debemos ejercerlo para dejar tranquilidad a nuestros sucesores.